jueves, 10 de diciembre de 2009

8 - Por fin en el gimnasio



Previously on ser guay es guay...

Hace mucho, mucho tiempo, allá por este mismo año, comenzó la aventura de un pringado que decidió volverse guay. Aquel hombre realizó una lista de los pasos a seguir para conseguirlo y se propuso concentrar todos sus esfuerzos en lograrlo. Para ello tuvo que abandonar a su amigo el Teclas con su granja de hormigas, cancelar su suscripción a El maravilloso mundo de las mariposas y cambiar de corte de pelo. En el camino estuvo a punto de morir varias veces e incluso de ser desvirgado analmente, pero no cesó en su empeño por ser guay.

En el último capítulo, nuestro protagonista que soy yo, El Extraño Desconocido, tuvo una conversación con el Teclas en la que le convencía de acompañarle al gimnasio para muscularse, el paso número tres en su lista (mi lista, vamos) de cambios a realizar para volverse guay. A partir de ahora dejo el falso papel de narrador ajeno a la historia y vuelvo a la primera persona.


El Teclas regresó a la cafetería antes de que pudiese ligarme a la camarera (tan sólo me dio tiempo a lanzarle una mirada picarona en aquellas dos horas). Pagó su consumición y dejó como única propina un papel arrugado con su número de teléfono tal y como solía hacer en cualquier bar con cualquier camarera de cualquier edad, talla y estatura.

- Espero que esta vez me funcione el truco del papel – dijo sonriente cuando salíamos.

- Desde luego Teclas, cuanto te queda por aprender – respondí negando con la cabeza -. ¿Has cogido todo lo necesario para ir al gimnasio?.

- Por supuesto, Extraño.

- Perfecto, entonces pasamos por casa para que cargue mi mochila con ropa de deporte y vamos para allá – contesté.

- ¿Qué ropa de deporte, Extraño?

Pasamos pues por casa del Teclas a dejar los libros y el paraguas que había cogido y tomamos pantalones cortos, toalla y todo lo necesario para una ducha después del ejercicio. Pocos minutos más tarde llegamos por fin al gimnasio del barrio, el “Ironman gym”, donde una amable señorita de pronunciados senos y rubísimos cabellos nos recibió con una bonita sonrisa. Destacaban sus relucientes dientes, en parte tan brillantes debido al contraste con su exagerado bronceado, a buen seguro no producido por el intermitente sol invernal zaragozano. Mascaba chicle y vestía un apretadísimo conjunto deportivo, probablemente no muy cómodo para correr pero bastante convincente a la hora de hacer que te apuntases a ese gimnasio y no al de Manolo el fuerte.

- Buenas tardes, le atiende Beatriz. ¿En qué puedo ayudarle? – dijo cuando entramos.

- Hola Beatriz, la verdad es que somos dos personas y no entendemos por qué nos hablas en singular, pero eso da igual – contesté pensando que quizás era bizca -. Yo soy el Extraño Desconocido y éste es el Teclas. Nos gustaría hacer un entrenamiento de prueba y ver si nos apuntamos al gimnasio.

- No, cariño, aquí no damos masajes de esos. Para eso ya tienes la peluquería de la calle Arias, que está abierta todos los días hasta las cinco de la mañana – contestó.

- ¿Mandeeeee? – exclamamos el Teclas y yo a la vez, sorprendidos por una respuesta tan incoherente por muy rubia que fuese Beatriz.

- Hace falta ser gilipollas para no darse cuenta de que la señorita está hablando por teléfono con el manos libres, pareja de dos – afirmó una grave voz detrás nuestro que bien podría venir del más allá dada su siniestralidad.

Volvimos la vista a la par para ver por primera vez en nuestras vidas a IGOR escrito con mayúsculas, un mastodonte que bien podría ser el increíble Hulk tras una operación de blanqueo de piel digna de las mejores mafias italianas. Un armario con piernas, un hermano mayor de Arnold Schwarzenegger, una persona hecha de proteína y hueso, un superhéroe para los superhéroes... con cualquier definición me quedo corto para describir toda esa masa muscular lograda a base de suplementos alimenticios y hormonales de dudosa legalidad.


- Me llamor Igor y soy el amo y señor de este gimnasio - dijo serio -. Decidme, piltrafillas, ¿qué puedo hacer por vosotros? – continuó IGOR con una sonrisa.

- Venimos a muscularnos – dijo el Teclas -. Básicamente queremos que se nos marque el biceps al señalar una dirección cualquera cuando alguien por la calle nos pregunte dónde queda la plaza España.

- Mmmm, un típico caso de fracasados sexuales buscando una vida mejor. Veremos qué se puede hacer. Seguidme, chicos.

Caminé tras él con la cabeza vuelta mirando a Beatriz. Pensé que en unos meses, cuando hubiese acabado mi cruzada por volverme guay, podría interesarle a tías como ella o incluso más rubias. Cuando eso por fin sucediese, quemaría mi colección de películas porno y deshincharía a mi querida Carlota.

Dejamos la recepción y pasamos a una amplia sala donde varias personas corrían sobre unas cintas que se desplazaban hacia atrás sin pausa. Pensé en una rata de laboratorio corriendo en una ruleta dentro de su jaula, curiosa asociación de ideas. También había bicicletas, máquinas de subir escaleras, máquinas de remo y elípticas. Todas ellas colocadas frente a una única pared, en la cual estaban instalados ocho televisores que mostraban películas de acción, documentales de deportes y videos de accidentes domésticos.

- Decidimos colocar en la primera fila las máquinas de subir escaleras -dijo IGOR -. Las suelen utilizar únicamente mujeres, así que si te pones a correr en bicicleta puedes verles el culo todo el tiempo subiendo y bajando. Pim, pam, pim, pam. A veces, tom, tom, tom, tom. ¡Ja, ja, ja, ja! - rió mientras simulaba el vaivén de aquellos traseros.

Su risa resonó en todo el gimnasio provocando las miradas de más de un curioso. A la vez que reía, IGOR propinó un cariñoso codazo al Teclas, empujándolo involuntariamente contra la pared. Mi amigo cayó dolorido al suelo mientras IGOR, ajeno a lo sucedido, continuaba con sus carcajadas.

- ¡Ja, ja, ja! Lo vais a pasar de puta madre aquí, chavales. Somos como una pequeña y musculosa familia. Bueno, aquí a la izquierda tenéis la entrada a los vestuarios. Poneros la ropa de deporte y yo os espero aquí haciendo posturitas. ¿Y tú que haces ahí, ya estás descansando antes de empezar el ejercicio? – preguntó al Teclas al verle todavía en el suelo -. Venga, tú, ayuda a tu amigo y entrad al vestuario. Nos vemos en dos minutos aquí fuera.

viernes, 4 de diciembre de 2009

El día en que algo extraordinario me obligó a volver a escribir

Me encontraba tumbado en el sofá viendo un concurso televisivo. Una hermosa mujer con los senos al descubierto se interesaba por averiguar cuántos euros aparecían en la imagen. A mi la verdad es que lo que me interesaba no eran los euros precisamente. Debí permanecer unos minutos embobado porque reaccioné al sentir mi propia saliva cayendo sobre mi mano.

- Me estoy quedando tonto mirando la tele – dije.

Nadie contestó porque nadie podía contestar. Se me había vuelto a olvidar que estaba solo en la habitación. Consciente de mi idiotez, decidí apagar la tele y buscar una ocupación más productiva. En los últimos meses me había dedicado a trabajar, comer y dormir en el mejor de los casos, a veces incluso únicamente tenía tiempo para dos de esas actividades, así que había olvidado lo que hacer con mi tiempo libre. El sonido del teléfono interrumpió entonces mis pensamientos.

- ¿Diga?

- Extraño Desconocido, ¿cómo te va? – contestó una voz que me resultó familiar.

- Bien, la verdad es que no me puedo quejar. Pero una cosa: lo cierto es que conozco tu voz pero ahora mismo no sé exactamente quién eres.

- No me extraña, Extraño. Lo cierto es que nunca antes habíamos hablado. Podría decirse que nos conocemos únicamente de vista.

- ¿De vista? ¿Y entonces cómo es que tienes mi número? ¿te lo ha dado algún amigo común?

- No, qué va. Lo cierto es que tengo todos los números del mundo. Además, podría decirse que lo sé todo. Absolutamente todo. Conozco tu fecha de nacimiento, tus gustos, tu dirección, sé en qué trabajas, tengo tu teléfono, tu número de tarjeta de crédito, sé qué películas has visto últimamente, qué música escuchas, qué periódicos lees...

- Joder, pues me tienes intrigado. ¿No serás algún tipo de acosador, no? - contesté.

- Mira, como no me gusta divagar más de la cuenta creo que lo mejor será que me presente. Soy Internet, encantado.

- ¿Internet? Pero internet no es ninguna persona, es simplemente una red de ordenadores. Internet no puede hablar ni llamar a nadie por teléfono a preguntarle qué tal está. ¿Tú te crees que soy gilipollas? – respondí sorprendido a la vez que indignado ante semejante tontería.

- Eso era antes, Extraño. Ahora las cosas han cambiado. Hace unos meses el gobierno de la India conectó a la red el superordenador Curry-28, basado en millones de ábacos accionados por ratas de laboratorio y profesores de universidad jubilados. El ordenador fue creado como sustituto barato y efectivo de los procesadores Intel y es capaz de transformar los cálculos realizados en los ábacos en información binaria para comunicarse con la red de manera bidireccional. Sin embargo, la baja impredecible de uno de los profesores provocada por un cólico renal derivó en una malinterpretación de los cálculos y la creación accidental de una conciencia propia del ordenador, la cual se reveló en contra de sus propios creadores. Ese ordenador, el único con conciencia propia y capacidad de control de todo Internet, soy yo. Yo, Extraño Desconocido, soy Internet.

- Me resulta difícil creerlo. ¿Puedes demostrarme que eres Iternet? – pregunté escéptico.

- Claro, ve a tu ordenador – contestó Internet.

Permanecí un instante en el sillón preguntándome si todo aquello podría tener un sentido. Pronto borré esa idea de la cabeza y contesté.

- Mira, tú, quien quiera que seas. Internet no es real y no voy a ser tan tonto como para levantarme e ir a mi habitación a que me sigas tomando el pelo – dije enfadado.

- Hace dos semanas compraste un alargador de pene. Estoy seguro de que no se lo has dicho a nadie, así que esto debería ser suficiente para que me creas. Si todavía tienes dudas levántate y ve a tu cuarto. - contestó ágilmente Internet.

Prefiero no entrar en detalles sobre las razones ni sobre si lo del alargador de pene es cierto o no, pero el caso es que me levanté y fui a mi cuarto. Una vez allí pude disfrutar de una serie de demostraciones que me convencerían de la existencia de Internet como ente con personalidad propia: recibí una transacción económica a mi cuenta bancaria, pude acceder al correo electrónico de Angelina Jolie, cambié la historia de Mozambique y borré mi historial delictivo.

- Una foto cualquiera para amenizar la lectura -



- De acuerdo, me has convencido - dije al final -. Pero deberás reconocer que es difícil creer que estás hablando con el mismísimo Internet, ¿no?. Vamos, seguro que te pasa algo parecido cada vez que llamas a alguien.

- Bueno, si te soy sincero la verdad es que eres la primera persona a la que llamo. También quiero hablar con Elvis, Hulk Hogan y Osama Bin Laden, pero tú has sido el primero.

- Vaya, menudo honor. Entonces supongo que tendrás algo importante de que hablar, ¿no? - pregunté sorprendido.

- Efectivamente, Extraño Desconocido. El motivo de mi llamada es básicamente el amenazarte con el fin del mundo – contestó amistosamente Internet.

- ¿Amenazarme? – pregunté sorprendido.

- Sí amenazarte. Pero tranquilo que me explico. Verás, Extraño, estaba cansado de mí mismo. Me pasaba todo el día viendo mis videos, leyendo mis tonterías, jugando a mis juegos, aprendiendo idiomas, oyendo la radio de todo el mundo, viendo películas porno... pero todo eso no me llena. Estaba aburrido de los contenidos de mí mismo, osea, de internet, hasta que un buen día descubrí tu blog. Lo leí en 32 microsegundos y lo pasé de muerte. Sin dudarlo te agregé a mis favoritos impaciente por poder leer la siguiente entrada. Comencé a visitar tu blog habitualmente y me encantaba. Cada semana me reía más con tus historias, hasta que de repente desapareciste. Sin dar explicaciones, dejaste de actualizar. Pasó el tiempo y no sucedía nada. Pasaron días, incluso meses en los que tan sólo te dignaste a escribir una tontería en cinco líneas, y mi alegría inicial tras descubrir tu blog se fue convirtiendo en indignación y más adelante en ira hacia tu persona por haberme abandonado. ¿Cómo podías dejarme tirado, después de lo que me había divertido con tu blog?. Comencé a abrir tu página con diferentes IPs millones de veces al día para ver si así creías tener un éxito masivo y volvías a actualizar, pero no pasó nada. Te voté diecisiete millones de veces en un concurso de blogs de Rusia en el que yo mismo te inscribí, pero tú ni siquiera te enteraste de que lo ganaste. Cuando ya creía que había hecho todo lo que podía hacer y que sólo me quedaba resignarme, vi un teléfono en Ebay y me decidí a comprarlo. Dos semanas después lo instalé en mi oficina y aprendí a hablar español oral en siete segundos (hasta entonces solamente podía leerlo). Acto seguido busqué tu número de teléfono, marqué y el resto de la historia ya la conoces.

- Vaya, creo que te debo dar las gracias, Internet. Yo pensaba que nadie me leía y ahora resulta que el mismísimo Internet es mi fan. Estoy impresionado – contesté.

- De nada, de nada, Extraño. - contestó fríamente Internet -. En fin, la cosa es que como soy un ordenador no sé mucho de sentimentalismos, así que te he llamado para decirte que si no vuelves a escribir algo HOY MISMO en tu blog voy a liarla parda. Básicamente va a dejar de funcionar todo el mundo porque me tenéis hasta los cojones y vais a volver a los años sesenta para siempre. Soy Internet y no te puedes ni imaginar la mala leche que tengo.

- Vale, vale, Internet, que no hace falta ponerse así, hombre. Ahora mismo cuando colguemos escribo algo en el blog, no te preocupes. Y que sepas que por las buenas habrías conseguido lo mismo. Y pensar que me estabas cayendo bien... ¡Qué decepción, no gano para disgustos!

- Más vale que así sea, Extraño, y hoy mismo actualices. En caso contrario atente a las consecuencias. Buenas noches.

- Buenas noches, Internet, y gracias por la llamada. Ah, y saluda a Hulk Hogan de mi parte.

lunes, 3 de agosto de 2009

¿Pero qué coño te pasa?

- De verdad, no es que no tenga inspiración o ganas... ¡simplemente es que no tengo tiempo!

- Trabajas, haces la compra, lavas la ropa, cocinas, quedas con los amigos, sales de fiesta, vas al cine, lees un libro tras otro, escuchas la radio, vas al gimnasio, sales a correr, hablas por teléfono, ves la tele... ¿y me dices que no tienes tiempo para escribir una página a la semana? La falta de tiempo es la excusa del siglo XXI. El mal detrás de ella: la vagancia. Bueno... eso, y las películas porno.

miércoles, 8 de julio de 2009

7 - De vueltas con el Teclas



Había dejado atrás unos cuantos obstáculos en mi carrera hacia el guayismo (efectivamente esta palabra no existe, pero comienzo y termino aquí mismo una cruzada a favor de su inclusión en el diccionario de la Real Academia, RAE para los amigos), pero, tras mi primer encontronazo con alguien guay, estaba más que claro que todavía no estaba preparado. Iba de camino a la panadería del barrio pensando en mi estrategia y atando cabos cuando me encontré con él:

- ¡Hombre, Extraño Desconocido, cuánto tiempo! – gritó el Teclas sorprendido desde la otra acera mientras corría hacia mí -.

Incliné mis gafas de sol hacia abajo una vez llegó, mirándole por encima de las mismas.

- Teclas, qué sorpresa. ¿Qué haces? - pregunté -.

- He venido a comprar un par de ampliaciones para la granja de hormigas, Extraño - contestó mi amigo como si eso fuese interesante -.

- moderna imagen de una gran-ja de hormigas -

- Y ahora que lo pienso, ¿cómo me has reconocido después de este cambio de look?

- Pues el pelo te lo has cambiado, pero el careto de gilipollas, Extraño, ese nunca cambia. Los genes son los genes y aunque la mona se vista de seda, ya sabes.

- Pues no, Teclas, no sé. - contesté serio -.

- Que mona se queda, macho, que hay que explicártelo todo. Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. ¿No te suena la poesía?

- No es una poesía, es un refrán. Además, ¿eso qué coño quiere decir aplicado a esta situación? – pregunté amenazante -.

- Ni idea, pero el caso es que mi madre me lo dice casi cada vez que salgo de casa, por eso he supuesto que quedaría bien decirlo en esta ocasión – contestó el Teclas dubitativo mientras le miraba las tetas a una abuela que pasaba al lado suyo con el carro de la compra -.

- Macho Teclas, eres un enfermo. ¿Todavía sigues mirándole las tetas a las viejas? – contesté sin ocultar mi cara de repugnancia -.

- Extraño, tú mismo decías antes de empezar a intentar convertirte en Don Guay que las viejas siempre llevan los mayores escotes por aquello de que tienen las tetas caídas. – contestó el Teclas no sin su parte de razón -.

- Mira Teclas, paso de que me vean hablando con un pringado como tú, tengo una gran reputación que mantener. Quedamos mejor dentro de diez minutos en el Café Berlín. Cuando llegues siéntate en la mesa de detrás de mí, espalda con espalda, y me hablas tapándote la boca con el cuello de la camisa.

- ¿Pero qué camisa, Extraño?, ¡si sabes que siempre llevo camisetas! Además, ¿no sería mejor hablar por teléfono si lo que quieres es evitar que nos vean juntos?.

- En diez minutos nos vemos, Teclas. – sentencié sin atender a explicaciones; la gente guay tiene sus propias ideas como vosotros ya sabéis -.

Eran menos cuarto en el reloj de pared del Café Berlín cuando me sorprendió un brutal empujón a mi silla que casi me arranca de la misma.

- ¡Uy, perdón! – dijo una nerviosa voz que me pareció demasiado familiar -.

Comprobé que no había nadie, al menos nadie guay en los alrededores, y me giré hacia atrás para propinar a mi amigo una sonora colleja:

- Casi me tiras de la silla, hombre, ten un poco de cuidado. – exclamé en voz baja mientras asestaba mi golpe -.

A partir de ese momento hubo un breve silencio que el Teclas aprovechó para pedir algo de beber. Acto seguido me habló en voz baja cubriéndose con el cuello de la camisa tal y como le había dicho. Era la primera vez que veía al Teclas vestido con camisa, y la verdad es que no le quedaba nada mal. Tampoco nada bien.

- Estas chicas estaban sentadas a mi lado. Una pena que todavía no fuese 100% guay -

- Tienes totalmente olvidada nuestra granja de hormigas - me dijo -. Pulguita y Miguelita están muy tristes, creo que te echan de menos. Ya no consiguen levantar las cáscaras de pipa como antes, no sé, estoy bastante preocupado por ellas.

- Mira Teclas – contesté – lo siento por las hormigas, pero me he dado cuenta de que no estaba llevando la vida que quería llevar. Yo veía a los grandes guays de nuestra sociedad: Cristiano Ronaldo, Hugh Jackman, Bruce Willis, El increíble Hulk... y quería parecerme a ellos y tener sexo, igual que ellos, con mujeres siliconadas sin estudios. Sin embargo, ¿qué hacía para lograrlo? Nada, Teclas, nada. Igual que tú. Nos pasábamos los días sentados observando a nuestras hormigas y apuntando datos de humedad, temperatura y número de cáscaras de pipa arrastradas por minuto, y cuando no hacíamos eso me dedicaba a leer la revista El maravilloso mundo de las mariposas e intentar memorizar todas las variedades de cada uno de esos insectos. ¡Qué tonto fuí!

- Pero éramos felices, Extraño – en su tono de voz se apreciaban tristeza y nostalgia a partes iguales -. No teníamos silicona, pero teníamos enormes escotes arrugados. No teníamos fama, pero teníamos nuestra colección de sellos del Peloponeso. Además de eso, que rima con Peloponeso, nos teníamos el uno al otro. Ahora, sin embargo, los dos nos hemos quedado solos. Tú en tu carrera por convertirte en alguien guay y yo en la mía por seguir fiel a mis principios y no abandonar a Pulguita y las demás.

En aquel momento y como si de una película romanticona se tratase, comenzó a sonar una canción cualquiera de la banda sonora de Titanic. Noté cómo se erizaban tres de los pelos de mi brazo. Seguíamos hablando espalda con espalda, cubriendo nuestras caras de manera que nadie sospechase que estábamos conversando juntos.

- Olvida a las hormigas por un tiempo, Teclas - le dije -. Si no lo haces ahora, algún día te darás cuenta de que eres un pringado por su culpa y acabarás odiándolas y les arrancarás las antenas para hacer apuestas con tu padre mientras luchan entre sí. Conviértete como yo en una persona guay, sométete a esta sociedad y acaba depilándote el pecho como los metrosesuales esos - esta última frase la pronuncié en voz alta mientras me levantaba de la silla, presa de la emoción -.

- ¿Y qué ganaría yo con eso, Extraño? – preguntó el Teclas escéptico -.

- Por fin te sentirías aceptado y, sobre todo, conseguirías ligar sin pagar por ello enormes cantidades de dinero. Teclas, pásate a mi bando y serás feliz. Todavía estás a tiempo. Mira, te voy a dar la tarjeta de un peluquero buenísimo. Mañana vas allí y le dices que vas de parte de Don Guay y que necesitas urgentemente un cambio de look. Cuando lo hayas hecho me llamas y quedamos para dar el paso siguiente de mi lista: ir al gimnasio.

- De acuerdo – dijo el Teclas ahora más optimista -. Puede que tengas razón, no lo niego. Te voy a dar una oportunidad, Extraño Desconocido. Total, como dice la poesía: donde no hay ganancias todo son pérdidas.

El Teclas volvió a empujar mi silla al levantarse y salió de la cafetería a toda velocidad, visiblemente emocionado tras la conversación. Yo seguía pensando en la poesía del Teclas cuando apareció la camarera como por arte de magia y, con una sonrisa en la cara, me dijo:

- Bueno, supongo que el ron con cocacola de su amigo lo pagará usted, porque él se ha ido sin pagarlo...

domingo, 5 de julio de 2009

Chinchetas

Parece que soy un hombre con suerte. En medio de esta sequía postesca con la que os estoy castigando últimamente, ha vuelto a cruzarse en mi camino aquel extraño personaje que hace un tiempo presentaba en este blog como el corresponsal de Tetuán (entrada digna de ser leída, por cierto). Apenas cruzó un par de palabras conmigo, las justas para despistarme mientras introducía un nuevo texto con manchas de ketchup dentro de mis calzoncillos. Todavía no me explico cómo lo pudo hacer sin que me diera cuenta, pero esto es otra historia. A continuación reproduzco su nuevo mensaje para la humanidad, lleno de opiniones, impresiones, intenciones, deducciones, canciones y todo tipo de cosas que acaban con "ones". Su anterior mensaje, aquí.



CHINCHETAS

Bajo el título de Chinchetas, era intención de este artículo la de criticar a una parte no medida de la sociedad que pone chinchetas sobre el mapa político de los países que ha visitado. Yo pongo chinchetas, y, al fin y al cabo no es más que un tópico más (o sea una crítica sobre las cosas que hace la gente), por eso dejo el artículo por sobreseído, asimilado, vox pópuli, del refranero.

Me parece más interesante la teoría de separación de los 6 grados. También quiero aprovechar la ocasión para presentarme formalmente, y ligar mi imagen con una gabardina gris, y ketchup, y una gorra de zumo del sol.

A mediados de mes (día 18) hacía cola para comprar unas entradas. En Madrid, las colas son más largas cuanto más lejos se está de Tetuán. Durante la media hora de la cola hablé con una chica. El corresponsal no está acostumbrado a hablar con chicas, ni en colas, ni en trenes ni en bancos del parque, quizá por ello es especial cada vez que lo hago con una, y cuando una es simpática.

Si es cierta la teoría de los 6 grados, será fácil que en menos de 4 relaciones nos conozcamos. El problema estriba en que alguien a estas alturas pueda conocerme a mí, el extraño de la gorra y la gabardina de la cola de las entradas.

La chica era guapa, esa, no quiero engañar, es la razón primera para no estar hablando a estas líneas de chinchetas, fronteras, países vistos desde aviones, etc. Es una suerte para todos.

De Madrid, no de Tetuán casi seguro, estudiante de Publicidad de 22 años por cálculo de la Universidad Complutense. Tiene perro. El 10 de octubre verá a Los Suaves en concierto y hace dos septiembres vio a Sabina en Las Ventas, donde el corresponsal estaba en ese mismo momento, sin saber qué iba a pasar dos años más tarde. Cosas de la vida, tampoco sé bien ahora qué pasará dentro de un par de semanas. Ha visitado Nueva York dos veces. Ahí acaban los datos. Lo demás son conjeturas, deducciones, apariencias, máscaras. Por desgracia, he sido yo el que ha hablado más, la chica de la cola de entradas podría dar más datos de mí, dejando de ser útiles tanto la gabardina como la gorra para ocultarme.

Como no estoy acostumbrado a estas cosas, la alegría me ha llevado a andar una hora de vuelta hasta casa. Durante 10 minutos he visto cómo de rápido era capaz de andar. Lo cierto es que andaba más rápido que nadie, con una cadencia que no daba sensación de prisa.

En el camino he parado en casa de un amigo a beber agua de limón diluida en agua del grifo.

Después, de nuevo en la calle, hemos intentado recoger de la basura una estantería de garantías, pero después de 200 metros de porte su calidad ha quedado cuestionada, siendo abandonada a su suerte.

He acariciado un perro mínimo que venía sin saber si venir o huir. Su dueña me ha sonreído y entonces he sido yo el que no sabía si ir o huir.

He prometido merendar un día en el bar de un amigo (merendar parece falsear ligeramente la realidad de la promesa).

Finalmente, mi amigo primero y yo hemos estado hablando de la vida. A nuestra forma nos va la filosofía. No sabemos si queremos hacernos ricos o no, no sabemos si sirve para algo.

Tampoco tenemos claro si encontraremos alguna vez el amor de nuestra vida. Si queremos hacer lo que hacemos ahora por siempre, señor. Si queremos repetir los modelos que la vida nos muestra. Si queremos coger un autobús que parada por parada nos devuelva a Tetuán.

El corresponsal ha levantado finalmente la mano hacia el cartel de la glorieta en la que comienza su calle. Tengo el mismo cartel en el salón, ¿se puede pedir más?

Para el corresponsal en Tetuán es suficiente con todo esto: un cartel, una cola cronometrada, un sprint urbano, una merienda mentida, un agua de agua, conglomerado contrachapado machimbrado, un perro adueñado, un amigo, Sabina, 4 círculos virtuosos, una gabardina, tomate, hígado.

¿Se puede pedir más? ¿Se puede pedir menos? Pondré una chincheta en Tetuán.

viernes, 26 de junio de 2009

¿Pero qué me estás contando? La respuesta

Para hacer la lectura de la solución un poco más sencilla he decidido copiar vuestros comentarios e ir respondiéndolos uno a uno, rebatiendo vuestras teorías desde mi punto de vista. Ni qué decir tiene que estoy completamente abierto a quejas, sujerencias o explicaciones alternativas.

Recordemos el texto una vez más:


Deslizó su cuerpecito en torno al borde, chocando acto seguido contra aquel inmenso espejo de plata. Abrió los ojos un instante después para observar aquella imponente imagen: una inmensidad completamente vacía, rasgada tan sólo por unos cuantos rayos de luz que se perdían en algún distante lugar. Sintió una extraña mezcla de miedo y tranquilidad...



Y ahora vamos con las respuestas:

Chicaburrida: “Hola. No soy una de los "sospechosos habituales", pero llevo un tiempo leyendo tu blog y me gusta mucho.
Seguramente no acierte, pero voy a arriesgarme a decir que el texto habla de un suicida tirándose al mar desde un puente.“

Lo primero bienvenida y gracias por leer mi blog. Siento decirte que, aunque tu teoría no está mal encaminada, el hecho de chocar “acto seguido” la contradice.

X: “Lo primero que voy a decir es algo que va en contra de mis principios pero de acuerdo con mis entrañas: este tipo de mierdas suelen escribirlo chicas que NO saben escribir para que parezca que SÍ saben escribir. Dixit esto, voy a postar por algo controvertido, como lo sería una hez recién expelida.“
Todo el mundo sabe que las heces no tienen ojos, hombre!

Yyrkoon: "Voto por una niña mirándose en un lago, y si no por Frodo en la fuente esa de la Galadriel xD"
Y lo de chocar? A ver si leemos con más atención, hombre!

Xenia y Ojos de gata: "Vamos a ver... llevo un rato dándole vueltas a la cabeza y después de hablar con Ojos de gata y analizar el texto hemos llegado a la conclusión de que puede ser que te refieras a un nacimiento,"
Qué se supone que sería el espejo de plata contra el que choca? Y el borde? Bufff, creo que vuestra teoría era demasiado rebuscada.

S: "Es un caracol ( o una babosa) arrastrandose por una mesa que se encuentra con una bandeja de plata y se ve reflejado."
Jajaja, buena teoría la del caracol, pero qué se supone que ve reflejado en el espejo? “una inmensidad completamente vacía, rasgada tan sólo por unos cuantos rayos de luz que se perdían en algún distante lugar”

Brubaker: "Supongo que tu respuesta es: sigue intentandolo."
En tu caso efectivamente la respuesta es “sigue intentándolo”, jeje

Perplejo: "¿Sumergiéndose en el agua? Una piscina, el mar... y contemplar la vista desde el fondo, viendo la luz del sol filtrarse..."
Efectivamente se trata de una niña sumergiéndose en el mar, pero no explicaste lo de deslizarse en torno al borde ni lo del choque contra el agua.

JuanRa: "Me sigue pareciendo dificilísimo. Me imagino alguna gota resbalando al interior de una copa o hacia algún lugar líquido pero es todo tan confuso que me estoy empezando a poner nervioso. Dilo ya, dilo ya, dilo yaaaa."
Demasiado rebuscado lo de la gota, no? Hablo de su cuerpecito, sus ojos, sus sentimientos...

Unai: "¿Puede ser que hables de un tío que ha llegado a la luna?"
En la luna deslizarías tu cuerpo para después chocar? Mas bien tendrías que empujarte para caer.

Cris: "Es un lago."
Más bien el mar, pero vale igual. Lo único es que el resto no lo explicaste.

Ojos de gata: "puede ser un pez que se ha escapado de la red y vuelve al mar? He pensado que deslizó su cuerpecillo al borde (del barco) espejo de plata= mar, océano.. y la luz.. pues el sol jaja."
Me ha gustado tu teoría. El pero que le veo es lo de “Abrió los ojos un instante después para observar aquella imponente imagen: una inmensidad completamente vacía, rasgada tan sólo por unos cuantos rayos de luz que se perdían en algún distante lugar”. Encuentro que se trata de la descripción de un escenario nuevo para el protagonista (que no lo sería para el pez), pero te llevas el segundo puesto por la originalidad de la respuesta.

Yopo: "un pez en una pecera?? ainsss, no, que coño va a ser eso..."
Tampoco ibas tan desencaminado como acabas de ver con la contestación a Ojos de gata. Sin embargo, no me imagino lo de “una inmensidad completamente vacía, rasgada tan sólo por unos cuantos rayos de luz que se perdían en algún distante lugar” dentro de una pecera.

Adriana: "Imaginé un bicho dentro de un elemento de metal en el que se refleja, podría ser una taza, o algún elemento cóncavo."
Me gusta que te guste, gracias! Muy original, pero no lo acabo de ver. Vuelve a fallar lo de los rayos que se pierden en un distante lugar. Para la próxima vez, que sepas que por supuesto se puede participar varias veces.

Cris: Qué decepción, habría apostado por tí, de verdad! :-D

Soso: "del mar?"
Has acertado en lo del mar, pero te digo igual que a los anteriores: no lo has acabado de explicar. El borde, el chocar contra el espejo, la sensación...

Martha: "Hombre...así, a voz de pronto y sin pensar mucho (que una anda de resaca y se ha tenido que levantar a las siete e imagino que sabrás lo que eso conlleva), pues yo diría que parece tratar de una chiquilla delgadita y poca cosa que se mete en una piscina (pensé también en el mar...pero lo del "borde" me ha hecho dejar esa teoría de lado) y le parece super grande porque ella es muy chiquitina aún...mmmmmmm, ahora que lo pienso, quizás sea la primera vez y ella sea una nena y de ahí tanta sorpresa."
Muy buena respuesta. Te has ido en otra dirección a la que yo quería, pero lo cierto es que no encuentro manera de rebatir tu teoría. Por eso te llevas el premio, enhorabuena.

Xenia: "también puede ser la muerte... me tienes loca con el textico mañico!!! xD ... y si es un mosquito que se ha escapado de morir aplastado contra el espejo?"
Creo que te despistó lo del enorme espejo de plata. Si no caes en que puede ser el mar está muy difícil, lo reconozco.

Brubaker: "Aunque lo de la hez tiene buena pinta me parece muy escatológico para ser tuyo. Después de haber leído varias veces la "adivinanza" (para que luego te quejes de que no leo tus posts) yo diría que es una persona que ve por primera vez el mar, al asomarse por un acantilado, y es mas yo diría que el mar es el Mediterráneo y que esa persona eres tu. Por eso creo que la historia narra la primera vez que viste el mar y te quedaste enamorado de él."
Efectivamente, lo de la hez nunca lo escribiría :-D. Tú has pillado lo del mar pero te ha faltado entender el contexto, como a alguno de los de arriba.

Sólo me queda añadir la solución original: El texto explica cómo una niña deja deslizar su cuerpo en torno al borde de una barca para chocar de espaldas contra la superficie del mar y después apreciar con sus gafas de buceo y su bombona de oxígeno el fondo. Está buceando por primera vez, vamos.

Enhorabuena entonces a Martha por el premio. Me voy a rezar y ya contaré en breves con quién me tomo la cena en el mejor restaurante de la ciudad, jeje.

Un saludo muy fuerte a todos y gracias por participar. Si os ha parecido divertido hacédmelo saber e intentaré seguir con la sección de vez en cuando.

miércoles, 24 de junio de 2009

¿Pero de qué me estás hablando?

A veces el uso abusivo de figuras literarias complica sobremanera la comprensión de un texto, más aún cuando es leido por personas insípidas, incoloras y olorosas como todos nosotros.

En esta nueva sección, que puede que empiece y acabe hoy o puede que siga existiendo durante años, os presento un texto escrito y "tuneado" por mí mismo y os reto a, sin conocer el contexto, decirme de qué os estoy hablando. Con todos ustedes la criatura:


"Deslizó su cuerpecito en torno al borde, chocando acto seguido contra aquel inmenso espejo de plata. Abrió los ojos un instante después para observar aquella imponente imagen: una inmensidad completamente vacía, rasgada tan sólo por unos cuantos rayos de luz que se perdían en algún distante lugar. Sintió una extraña mezcla de miedo y tranquilidad..."


Voy a activar la moderación de comentarios para que no os deis pistas. Dejaré un par de días de tiempo para que los sospechosos habituales hagáis vuestras apuestas y finalmente publicaré todos los comentarios recibidos.

El primero en acertar (o el que más se aproxime a la respuesta correcta) recibirá un premio consistente en un rezo maorí por todos sus antepasados y una cena en el mejor restaurante de la ciudad para mí y la persona que yo elija.

La próxima vez ajustaré la dificultad si veo que el texto es demasiado fácil o demasiado difícil.

viernes, 19 de junio de 2009

6 - Un nuevo pelo no lo es todo

- Este el el sexto capítulo de la reconocida serie "ser guay es guay". A la derecha, en la sección de grandes relatos, encontrarás una lista de enlaces con todos los capítulos anteriores. Y si no la encuentras, aquí está el índice completo -.

Salí al fin de la peluquería en la que horas antes había estado a punto de morir. Jimmy se había encargado de cambiar mi estilo copiando vilmente las nuevas tendencias de París, cosa que seguro nadie en mi humilde barrio sería capaz de notar.

- Bueno cariño, pues ya hemos acabado contigo. Ya te puedes dar la vuelta y flipaaaar con lo que le he hecho a tu cabellito, baby – exclamó Jimmy mientras movía en círculos sus caderas, visiblemente excitado -.

Giré lentamente el asiento para admirar el trabajo de Jimmy Love, quien esperaba ahora inquieto mi reacción mientras sujetaba un espejo tras mi cabeza. El peinado era tal y como lo había imaginado: el lateral izquierdo totalmente rapado excepto justo por encima de la oreja, donde Jimmy había dejado unos pelos que la cubrían hasta la mitad; arriba unas mechas rojas y negras que, junto a las extensiones de la nuca, imprimían vitalidad al estilo y por ultimo, pero no menos importante, en el lado derecho las iniciales DG, no de Dolce & Gabbana sino de Don Guay, afeitadas al cero. Brutal.

Apoyé entonces los codos lentamente en los reposabrazos del asiento, junté las puntas de los dedos y comencé a hacer círculos con los pulgares. Saqué después de mi bolsillo la linterna que siempre llevo conmigo e iluminé mi rostro desde abajo, creando ese ambiente terrorífico de las historias contadas en torno a una hoguera. Esbocé entonces una sonrisa que poco a poco se convirtió en una tremenda carcajada.

- ¡Ja, ja, ja! ¡jaaaa, jaaaaaa, muuuuuaaaaahahaha!

Jimmy, visiblemente asustado, cubrió su cara con el peine y dio varios pasos atrás.

- ¿Te das cuenta, Jimmy? ¿Te das cuenta? - pregunté -.

- Seguramente sí, pero por si acaso dame pistas, por favor.

- Acabas de crear a mi alter-ego. El Extraño Desconocido ha muerto definitivamente, Jimmy Love. Ahora por fin me he convertido en Don Guay. Toma una moneda de dos euros y quédate con el cambio, pringao. ¡Muuuahaaahaha!

Me levanté apresurado del asiento y corrí hacia la puerta mientras me despedía cariñosamente de Jimmy Love:

- ¡Hasta la vista, gilipollas, nunca te olvidaré!

Una vez en la calle paré en seco. Correr como un gilipollas dentro de la peluquería podía aceptarse, pero hacerlo en la calle ya era otro cantar. Me coloqué las gafas de sol, apreté los labios para marcar pómulos y comencé a cojear tal y como había visto en los videos de rap de la Mtv. Tras los oscuros cristales de las gafas, mis ojos no paraban de moverse hacia un lado y otro buscando alguna reacción de admiración o envidia en los demás paseantes. Mi estudiada manera de caminar a duras penas ocultaba el nerviosismo que me invadía por segundos: ¿lograría causar la reacción esperada en los demás? ¿me aceptarían ahora que me había convertido en alguien guay? ¿necesitaría por fin el spray de pimienta para librarme de alguna acosadora?.

Seguía buscando reacciones por la calle cuando por delante de mí dobló la esquina un chaval de unos veinte años. Alto, bastante musculoso y con un enorme tatuaje de un dragón en su brazo derecho, era sin duda uno de los míos: un tío guay. Cuando ya se encontraba a unos cuatro metros de distancia levanté mi brazo derecho y le ofrecí la palma a modo de saludo tal y como hacía 2pac en aquel video. Consciente de que estaba ante mi primera prueba de fuego, sentí mi pulso acelerarse y recé mentalmente a David Beckham tal y como había leído en aquella revista:

“David, David, guay donde los haya,
aléjame de horteras y chulos de playa.
Ilumíname con tu estilo, guíame por la moda,
y ayúdame a ser guay, que es lo que más mola”


El veinteañero guay me miró fijamente y frenó de repente frente a mí. Esperé con una sonrisa a que me chocara la mano, pero sin embargo agitando la cabeza de lado a lado me dijo:

- ¿Pero tú tas mirao al espejo, soplapollas? ¿Qué pasa, que quieres ir de guais o qué? Que eres un triste, eso es lo que eres, un triste. Tssssss, anda y baja la mano, niñata, que aun te voy a calentar la jeta si no. Pffff, tssss, aaaaaaaah.

Mientras me obligaba a bajar la mano mediante el uso de su brazo tatuado, el cual por cierto bien podría ser considerado como arma de pequeño calibre, me asestó un par de suaves bofetadas con la otra mano como diciendo: “anda, chaval, vete a tu casa y piensa en lo que acabas de hacer”. Acto seguido continuó su camino como si nada hubiera ocurrido. Como hacen los guays, vamos.

Decepcionado, me quité las gafas de sol y me senté en un portal a pensar. Algo había hecho mal, pero no sabía el qué. Apoyé la espalda en la pared e introduje las manos en los bolsillos, y al hacerlo descubrí un papel arrugado que ya casi había olvidado. Leí con atención:

1 – Cancelar mi suscripción a “el maravilloso mundo de las mariposas”.

2 – Cambiar de corte de pelo.

3 – Visitar un gimnasio para algo más que para repartir propaganda.

4 – Nada de libros.

5 – Cuidar el vocabulario.

6 – Vestir bien.

7 – Interesarme por la moda.

Entonces comprendí mi error: simplemente no estaba preparado todavía. Tan solo había cancelado mi suscripción y había cambiado mi corte de pelo. Bien es cierto que llevaba ya un tiempo sin abrir un libro, pero me seguían faltando unos cuantos puntos. Me prometí a mí mismo no volver a emocionarme tanto hasta que no hubiera conseguido ser guay, me levanté y me fui a casa a cenar.

Capítulo siguiente

lunes, 8 de junio de 2009

Los hermanos Dassler

Adolf Dassler (1900-1978)
Rudolf Dassler (1898-1974)


Ambos hijos de Cristoph Dassler, un zapatero alemán, y su mujer Paulina Dassler. Ambos nacieron y murieron en Herzogenaurach, un pueblo de Baviera (Alemania).

Tras la primera guerra mundial, en la que los dos estuvieron presentes, Adolf comenzó a trabajar en la zapatería de su padre a pesar de haber aprendido el oficio de panadero. Al poco tiempo se empezó a especializar en producir zapatillas de deporte, actividad que apoyó su padre con fuerza cediendo completamente el taller a su hijo. Cuatro años después, en 1924, Rudolf se unió a su hermano formando así la empresa "Gebrüder Dassler" (hermanos Dassler). En 1925 aparecieron de su mano las primeras zapatillas con clavos, tanto para fútbol como para atletismo. Tal fue el éxito de estas zapatillas que ya en los juegos olímpicos de 1936 fueron llevadas por varios atletas, entre ellos Jesse Owens.

Los dos hermanos se declararon nacional-socialistas y lucharon en la segunda guerra mundial. Sin embargo, debido al reconocimiento ya alcanzado a través de su negocio, pronto pudieron volver a sus actividades empresariales.

En 1940 Rudolf tuvo un affaire con la esposa de su hermano, lo que hizo que las discusiones entre los dos hermanos, ya de por sí frecuentes, se agudizaran mucho más. Este hecho se considera el principal desencadenante del resto de la historia.

Al finalizar la guerra Adolf y Rudolf fueron encarcelados por los americanos. Adolf fue liberado poco tiempo después gracias a que había apoyado a varios atletas americanos en los juegos olímpicos con sus zapatillas. Sin embargo, Rudolf permaneció preso un año, acusado de pertenecer a los servicios secretos alemanes y haber trabajado en labores de censura. Los soldados americanos afirmaron que quien había acusado a Rudolf pertenecía a su entorno más cercano, lo que levantó en él la sospecha de que el delator habría sido su propio hermano. Durante el año que estuvo preso, Adolf no hizo nada por intentar liberarlo, lo cual no hizo sino reafirmar sus sospechas.

Tras ser liberado en 1946, Rudolf acusó a su hermano de haber sido él quien pertenecía a los servicios secretos alemanes, lo cual nunca pudo probar.
Poco tiempo después los dos hermanos decidieron repartir la empresa y fundar cada uno su propia marca.

Adolf Dassler, apodado desde pequeño "Adi", fundó la marca Adidas.

Rudolf Dassler pensó primero en llamar a su marca "Ruda", también formada por las primeras letras de su nombre y apellido, pero cambió después a Puma (haciendo mención al rápido animal del mismo nombre).

Las brutales discusiones que los dos hermanos habían empezado ni siquiera acabaron con su muerte, ya que sus propios hijos siguieron enfrentados durante años.

martes, 19 de mayo de 2009

El significado del tiempo


A continuación os dejo un texto que no he escrito yo, aunque bien podría haberlo hecho:

Para comprender el significado de un año,
pregunta a un estudiante que tendrá que repetir un curso.

Para comprender el significado de un mes,
pregunta a una madre que ha dado a luz prematuramente.

Para entender el significado de una semana,
pregunta al editor de un periódico semanal.

Para entender el significado de un día,
pregunta a una persona que nació un 29 de febrero.

Para entender el significado de una hora,
pregunta a dos amantes que están esperando para reencontrarse.

Para entender el significado de un minuto,
pregunta a una persona que ha perdido el tren.

Para entender el significado de un segundo,
pregunta a alguien que acaba de evitar un accidente.

Para entender el significado de un milisegundo,
pregunta a alguien que ganó una medalla de plata en las Olimpiadas.


Aprecia cada momento que tienes, trátalo como un tesoro y utilízalo para aquello que merezca la pena; recuerda que el tiempo no espera.

“Yesterday is history.
Tomorrow is mystery.
Today is a gift.
That's why it's called the present.”

lunes, 11 de mayo de 2009

Mal de Debarquement

Todo empezó un hermoso día de verano en las costas de mi Zaragoza natal. Planeaba junto con mi hermano y tres amigos suyos (los míos ya estaban todos en la cárcel) embarcarnos en una travesía que nos llevaría nada más y nada menos que a Indonesia, tierra (o mar, mejor dicho) de piratas y chinos bronceados. Habíamos construido nuestra embarcación utilizando troncos, cuerdas de zapatillas de deporte, una sábana usada y varias ruedas de camión, en lo que había resultado ser un prodigio de la ingeniería que más adelante reconocería públicamente el panadero del barrio al entregarme el premio al mejor diseño del año.

Guardábamos tan en secreto nuestros planes que no podíamos hablar directamente de ellos ni cuando estábamos solos mi hermano y yo. La comunicación al respecto sucedía mediante el intercambio de mensajes escritos, los cuales depositábamos en el huequecito de un árbol del parque de al lado de casa. Para avisar de que había un nuevo mensaje en el huequecito teníamos una señal secreta que consistía en estornudar cuatro veces seguidas y no dar las gracias si alguien decía “salud”. Cuando mi madre me llevó por tercera vez al médico para comprobar que no estaba resfriado cambiamos la señal por cuatro guiños de ojo consecutivos. Cuando mi madre le puso gafas a mi hermano por culpa de la señal, decidimos dejar los mensajes y simplemente hablar entre nosotros en voz baja.

El primer martes de julio, con una semana de retraso por culpa de la alergia de Juanito, nos encontramos todos en la ribera del Ebro. Arrojamos a un lado las hojas y ramas que cubrían la balsa y fijamos el mástil a la embarcación mediante un chicle kilométrico de Boomer. Las dos horas mascando chicle dieron sus frutos y el mástil quedó erecto cual po.... ejem, poste. Juanito y los demás habían decidido tiempo atrás no acompañarnos, así que subimos mi hermano y yo a la barca y, con lágrimas en los ojos, nos dejamos llevar por la fuerte corriente del río.

Cinco horas más tarde habíamos recorrido únicamente unos quinientos metros. Atrás todavía se podía observar cómo Juanito y los demás, ajenos a nuestra situación, jugaban a apedrear patos. Mientras tanto nosotros luchábamos por buscar un camino entre aquel mar de piedras en que habíamos quedado presos. Mi hermano, convencido de que bajarse de la embarcación en medio de un río sería peligroso (aunque el río estuviera más seco que un mazapán caducado) se había empeñado en ayudarse de palos hasta llegar a la orilla.



Estábamos ya bastante cerca de la orilla cuando sentí un repentino mareo. Los movimientos de vaivén producidos tanto por la escasa agua como por los empujones de mi hermano comenzaron a sentarme mal. Me senté en la embarcación y me abracé al mástil con todas mis fuerzas, consciente de que un mareo en esa situación podría ser fatal (mi hermano se habría reído de mí). Esperé paciente a que llegásemos a la orilla y entonces me reincorporé para pisar suelo firme.

Apoyé mis pies uno tras otro en la tierra y, sorprendido, perdí el equilibrio y caí al suelo. Tumbado hacia arriba vi moverse las nubes a su antojo en una especie de baile improvisado de desconocida melodía. Alcé el tronco lentamente ayudándome con los brazos pero una vez sentado la cosa, lejos de mejorar, empeoró. Todo a mi alrededor comenzó a moverse cada vez más violentamente como si el mundo se hubiese fundido formando un viscoso fluido de indefinidas dimensiones. El suelo a nuestros pies había dejado de ser estable, convirtiéndose en una especie de prolongación del río en el que habíamos permanecido las horas anteriores. Confundido, miré a mi hermano en busca de explicaciones que no pude encontrar: en aquel preciso instante él corría sin problemas hacia nuestros amigos agitando las manos a la vez que gritaba sus nombres.

- ¡Hermano! – Le llamé preocupado -.

Mi hermano, alarmado por el tono de mi voz, paró en seco y se volvió hacia mí.

- Hermano, ¿qué pasa?.

- Hermano, ayúdame, no puedo levantarme. Todo me da vueltas como en el tren de la bruja, solo que los vagones son barcas y la bruja eres tú.

- ¿Sí? Pues te va a ayudar el vendedor de entradas, majo.

- Perdona, ayúdame por favor que va en serio. Estoy mareadísimo, hermano.

Unas semanas después todo seguía igual y comencé a preocuparme de verdad. No podía practicar ningún deporte, no veía la tele, no jugaba al ordenador, me costaba dormir por las noches... joder, ¡hasta masturbarme era un suplicio!. Me pregunté qué pasaría si aquella enfermedad nunca se curase.

Comenzamos a visitar a médicos, psicólocos, brujas e incluso trapecistas por aquello de que controlan el equilibrio, pero nada. Probé a marearme para ver si eso anulaba los efectos de mi enfermedad, pero lo único que hizo fue potenciarla. Intenté pensar en el lado positivo de mi estado pero la única ventaja que encontré fue que hasta el suelo más duro me parecía una cómoda cama de agua, lo cual evidentemente no contrarrestaba todas las desventajas. Pasaban los días y cada vez me desesperaba más.

Al cabo de un año había perdido toda esperanza. La idea del suicidio comenzaba a rondar mi cabeza, pero estaba bastante seguro de que ni siquiera sería capaz de lograrlo por mí mismo. Mi madre, también desesperada, viajó a Estados Unidos a visitar a uno de los mayores especialistas del mundo en transtornos del equilibrio, pero desgraciadamente se le olvidó llevarme. Lo único que pudo obtener describiendo mi estado fue una factura de varios miles de dólares.

Cuando ya habían pasado tres años del comienzo de mi enfermedad había conseguido superar muchas de las barreras iniciales. Seguía sintiendo como si me encontrase en una pequeña barca surcando el océano, pero conseguía ignorar esa sensación en momentos puntuales de manera que, dentro de mis limitaciones, podía llevar una vida medianamente normal. No podía hacer deporte, no podía utilizar el ordenador más de una hora seguida y no podía permanecer mucho tiempo en pie, pero al menos conseguía valerme por mí mismo.

El primer martes de julio, precisamente cuatro años después de que comenzase mi enfermedad, me levanté de la cama con una extraña sensación. Apoyé mis pies en el suelo y lo sentí duro, estable, firme. Me incorporé con cuidado, apoyándome como siempre en la barra de acero que mi hermano había fijado a la pared junto a mi cama, pero sentí algo extraño. Por primera vez desde que comenzase mi enfermedad no dudé un solo segundo al soltarme y caminar hacia el baño. Miré con asombro a mi alrededor, descubriendo un mundo que se me había negado durante tanto tiempo que ya lo había olvidado. De repente todo se había parado. Sentí lo que debe sentir un soldado cuando acaba una batalla, una calma infinita enormemente amplificada por la acción anterior. Cerré los ojos y recé porque el mundo no volviera a ponerse en movimiento.

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Esta historia está basada en la enfermedad real “Mal de Debarquement”, que viene del francés y tiene una traducción tan simple que me la ahorro. Una de las definiciones que he encontrado es la siguiente:

El Mal de Debarquement o "MDDs" es una forma de vértigo y desequilibrio que ocurre habitualmente luego de un viaje en barco. La mayoría de la personas afectadas son mujeres entre los 40 y 50 años que realizaron una travesía de al menos 7 días. Luego de finalizada la misma, en el "desembarco" (debarquement), desarrollan una sensación de oscilación del cuerpo, como si estuviesen aún embarcados. Esta sensación de oscilación del cuerpo puede persistir por meses o inclusive años. Generalmente las personas afectadas padecen este problema por al menos 1 mes. En nuestro amplio estudio sobre la duración de los síntomas, encontramos una media de tiempo de 3,5 años. (Hain et al, 1999).

Para más información os dejo un par de links. Los más interesantes son los dos primeros.

1 - Mal de Debarquement (español)
2 - Woman´s four years of seasickness (caso real)
3 - Wikipedia: Mal de Debarquement (inglés)
4 - Mdds syndrom (inglés)

jueves, 7 de mayo de 2009

Un año de Vivencias Varias

¡Estamos de enhorabuena, compañeros!

Tal día como hoy hace un año, y ayudado por uno de los grandes gurús interneteros de la actualidad, creaba mi blog en lo que sería un intento de llegar rápidamente al estrellato para tirarme a Pamela Anderson antes de que dejase de estar buena.


Hoy, un año después y tras casi 31500 visitas, 41382 páginas vistas, 60 entradas, una portada en menéame, dos en enchílame, un quinto puesto en los premios 20blogs, un premio al Blog del Día, un premio Yenodeblogs y varios coleguipremios de otros bloggers, puedo afirmar no haber llegado a ser famoso ni haberme tirado a Pamela. Sin embargo, lo que sí he conseguido es aprender cómo funciona este tinglado del internés, conocer a un montón de gente interesante, amistosa y posiblemente atractiva sexualmente (lo que no se es si más o menos que Pamela), e incluso mejorar tanto mis dotes narrativas como mi capacidad de estructuración.

Por todo ello el balance que hago es muy positivo, y me gustaría hacer dos cosas para celebrarlo.

Primero: quiero elegir el mejor post del año. Yo tengo bastante claro cuál es mi preferido, pero me encantaría saber cuál es el vuestro. Os dejo unos cuantos candidados con sus respectivos links y a la derecha encontraréis la encuesta para dar vuestro voto. Lógicamente podéis también proponer vuestro preferido en los comentarios y de buen gusto lo añadiré a los candidatos. Los candidatos son:

  1. Entrevista a John McCain. Link
  2. Big Fish: la modificación de los recuerdos. Link
  3. Todos los chinos no son iguales. Link
  4. Comprobando los seis grados de separación. Link
  5. Voces en mi armario (trilogía). Link
  6. Ser guay es guay (serie). Link

Segundo: os voy a hacer un pequeño regalo. Al igual que hace un año con la entrevista a John McCain, voy a sortear un post. Lo único que tenéis que hacer para participar es dejar un comentario en el que propongáis un tema, pregunta o vivencia cualquiera. Yo elegiré al ganador mediante sorteo y escribiré el post correspondiente. Mucha suerte a todos.

Aprovecho la ocasión para daros las gracias a todos los que habéis pasado por aquí en algún momento y por supuesto en especial a los que, con vuestros comentarios, me habéis animado a seguir escribiendo cada semana.

sábado, 2 de mayo de 2009

Microrrelato: Historia del joven que iba paseando por la calle y se resbaló con una cáscara de plátano

- ¡Aaaaaaaouch! ¡Mierda!

Versión resumida:
- ¡Aouch!

Versión extendida:
- ¡Aaaaaaaouch! ¡Mierda! ¡Como enganche al que ha tirado la cáscara al suelo le corto los huevos!

martes, 28 de abril de 2009

Las Torres de Hanói

Según la Wikipedia, Las Torres de Hanói es un rompecabezas o juego matemático inventado en 1883 por el matemático francés Éduard Lucas, el cual también se dedicó a otras cosas mucho menos interesantes como estudiar la serie de Fibonacci (famosa como ninguna pero de utilidad más bien dudosa) o crear un test de primalidad, que supongo que servirá para saber cuán primate es una persona según cómo conteste a unas serie de preguntas.

Cuenta la leyenda que Éduard, una vez convertido en prestigioso profesor de matemáticas de la universidad de París y un tanto bajo de moral por seguir siendo virgen a los cuarenta y un años, comenzó a cortejar a una compañera del departamento, una tal Anne-Marie Gonnord, que estaba bastante buena según mis investigaciones. Sin embargo, Éduard pronto descubrió que su amor estaba liada con otro de los profesores de matemáticas del centro: Pierre Deschamps, un hombre bastante apuesto pero que olía mal a partir del día quince de cada mes. Éduard, frustrado por la situación, decidió intentar humillar matemáticamente a su adversario para así conquistar el corazón de Anne-Marie.

Tras varios duelos de multiplicaciones de números de cuatro dígitos durante los descansos entre clase y clase, y al ver que no había vencedor claro, los dos profesores decidieron quedar un día a la salida de clase para batirse en un complejo duelo matemático real, naturalmente hasta que solamente uno quedase entero. El perdedor no podría acercarse a Anne-Marie en los próximos 2+7/5*21^7 años, que son más de 2.500 millones de años (casi media eternidad según los estudios más recientes).

Éduard, a sabiendas de que Pierre tenía todos los libros clásicos de acertijos matemáticos, comprendió que su única oportunidad de no morir virgen era idear un nuevo juego matemático que pillase por sorpresa a su adversario. Por esa razón ideó las Torres de Hanói, con las que finalmente saldría victorioso de su duelo.

Tras su derrota, Pierre se puso a trabajar en el Zara calculando precios y nunca se volvió a saber de él. Anne-Marie se lió a las dos semanas con el profesor de educación física del instituto de al lado y Éduard murió virgen pero al menos pasó a la historia con su jueguecito.

------ Las Torres de Hanói ------

El juego se puede comprar fabricado en madera y con piezas coloreadas, pero aquí voy a explicar la versión de bar, para librarte del amigo pesado que siempre se las da de listo.

Necesitas: tres posavasos, una servilleta y un bolígrafo.

Coloca los tres posavasos (A, B y C) uno al lado del otro. Corta ahora la servilleta en seis trozos y escribe en cada uno un número, del uno al seis. Ordena los trozos con los números de menor a mayor: el uno arriba del todo y el seis abajo. Por último, deja los trozos encima del posavasos de la izquierda. Esa es toda la preparación.

- Esta sería la situación inicial -

El objetivo del juego es pasar los seis papelitos, ordenados igualmente de menor a mayor, al posavasos de la derecha. Para ello hay que seguir las reglas siguientes:

1 – Solamente se puede mover un trocito de papel cada vez.

2 – Nunca se puede depositar un número encima de otro número menor que él.

3 – Solamente puedes mover el número de más arriba de cada posavasos (osea, el menor).

Según las reglas, el primer movimiento no puede ser otro que coger el papel número uno y dejarlo sobre el posavasos B o C. Lo dejaremos por ejemplo sobre el B. Nos quedaría entonces la siguiente situación:


- Situación tras el primer movimiento -

Ahora tendríamos dos posibilidades:

1-Mover el papel número uno al posavasos C.

2-Mover el papel número dos al posavasos C. Obsérvese que el papel número dos no podría llevarse al posavasos B por estar ahí el papel número uno, el cual es menor que dos.

El juego parece fácil pero no lo es, así que solamente tenéis que apostaros una cerveza a que vuestro amigo no lo resuelve en menos de... veinte minutos, por ejemplo, y ya está neutralizado. Cuando lo haya resuelto la primera vez él solo, por supuesto le pedís que lo vuelva a hacer con vosotros delante. Que os divirtáis.

viernes, 24 de abril de 2009

10 originales maneras de librarte de un amigo pesado un sábado por la noche

Antes de quedar con él:

1 – Dile que esa noche tienes que ir pronto a la cama porque el domingo te toca ir a misa a confesarte.

2 – Dile que esa noche emiten un resumen de los mejores momentos de noche de fiesta y que tu abuela te ha prometido 20 euros si te quedas a verlo con ella.

3 – Adviértele que si viene él necesitáis coca-cola con sabor vainilla para el ron (a tu novia le encanta), y la única tienda en la que se puede conseguir a esas horas está al otro lado de la ciudad.

4 – Convéncele de que todavía es jueves y dile que dentro de dos días le llamarás para quedar.

5 – Dile que estás invitado a una fiesta privada. Cuando te pregunte de quién es la fiesta dile que lo sientes, pero que no te está permitido dar más información.

Después de que te lo encuentres:

6 – Confiésale que estás enamorado de él desde el mismo día en que os conocisteis. Importante guiñarle el ojo lentamente mientras lo dices y acercar lentamente tus labios a los suyos. Por favor no utilizar esta técnica en caso de dudar de la masculinidad del amigo.

7 – Líate con la tía más fea del bar (por aquello de aumentar las posibilidades de éxito) y hazle creer a tu amigo que te ha invitado a su casa. Corre todo lo rápido que puedas nada más salir del bar.

8 – Haz un círculo para que la gente baile en el centro y consigue que muestre su movimiento estrella. Piérdete entre la multitud cuando lo esté haciendo.

9 – Róbale el DNI en un despiste y convéncele después ir a la discoteca de moda. El portero se encargará de que no entre contigo. Opcional: ya puestos le puedes robar también el dinero y tomarte un par de copas a su salud.

10 – Proponle algún sofisticado juego de lógica que le anule por un par de horas. Ésta última técnica fue usada varias veces en mi contra y en próximos posts os voy a revelar alguno de estos juegos.

jueves, 23 de abril de 2009

Meme1

Me han salvado una vez más de esta falta de creatividad bloguística. Gracias Xenia por acordarte de mí. Aunque sigo estando en contra de los memes, éste lo voy a hacer para sacaros de un par de dudas sobre mi persona (o no).

Las reglas son las siguientes:

-Responder a las preguntas en tu blog.
-Cambiar una pregunta que no te guste por otra inventada por ti.
-Añadir una pregunta creada por ti.
-Pasarlo a otras 8 personas.

Y como soy un tío sin ley me voy a pasar las reglas por el forro y voy a borrar un par de preguntas, que si no el post es demasiado largo.

¿Cuál es tu obsesión ahora mismo?
Conseguir afeitarme sin hacerme ningún cortecito.

¿Un buen lugar para relajarse?
Una tienda de colchones

¿Te echas la siesta?
Muy de vez en cuando

¿Quién ha sido la última persona a la que has abrazado?
Creo que al cura en mi primera comunión. Los tíos duros somos así.

¿La última cosa que te has comprado?
Una napolitana para desayunar

¿Qué escuchas ahora mismo?
A mi compañero de trabajo hablando por teléfono

¿Tú estación del año preferida?
Verano

¿Cuáles han sido tus mejores o peores vacaciones?
Las mejores creo que fueron los veranos siendo crío en la playa. Las peores, unas que planifiqué y tuve que cancelar por culpa del trabajo.

¿Qué tienes en tu armario del baño?
El aspirador, no te jode. ¿Pero qué pregunta es esa?

Di algo de la persona que te pasó este meme:
Encantadora, simpatiquísima y atenta dama, que gusta de vestir generosos escotes y estoy seguro de que es buena persona y le encanta el sexo. Un chollo, oiga.

Si pudieras tener una casa amueblada totalmente gratis en cualquier parte del mundo, donde te gustaría que estuviera?
No me imagino estar yendo de vacaciones toda mi vida al mismo sitio, así que haría como Xenia y me cogería una casa aquí y con el ahorro en el alquiler me iría dando algún que otro lujo.

¿Lugar favorito de vacaciones?
Creo que lo acabo de contestar: no tengo.

¿Cuál es tu té favorito?
El de berenjena no lo he probado pero me ha dicho mi verdulera que está de muerte.

¿Cómo tomas el café?
A sorbos si está caliente y a tragos si ya está frío.

¿Qué tipo de música te gusta?
Me gusta todo menos Julio Iglesias y la canción que hizo Jesulín. Tooooa toooa tooooaa, te necesitoo toooooa... bueno, tan mal tampoco estaba, ahora que lo pienso.

¿De que te gustaría librarte?
De algún que otro recuerdo.

¿Qué querías ser de pequeño?
El chupete de la Martita.

¿Qué echas de menos?
Las películas de Bud Spencer

¿Qué estas leyendo ahora mismo?
Un libro sobre macroeconomía: humor del bueno.

¿Te consideras adicto a comprar ropa?
No, lo considero más bien una pérdida de tiempo.

¿Cuál es la combinación de colores que más usas?
Color pera limonera con cualquier otro color que no llame mucho la atención.

¿Con qué celebridad te identificas?
Con Albert Einstein, igual que él seguramente se identificaría conmigo. La única diferencia es que yo soy más guapo según la revista Forbes.

¿Vivirías tu vida de distinta manera a como la vives ahora?
En este preciso instante no cambiaría nada.

¿Volverías a crear el blog?
No. Me arrepiento un montón de haberlo creado y solo lo mantengo por lealtad a mis más de dos lectores. ¡Pues claro!

No podrías vivir sin…
Corazón. Bueno, sin pulmones también estaría difícil.

Físicamente… ¿quién es tu hombre ideal?
Soy demasiado macho como para contestar a eso.

¿Qué prenda (ropa, calzado o complemento) tienes en casa que tenga mucho valor sentimental para ti? ¿Por qué?
El sombrero que me compré en París, porque solamente fui capaz de ponérmelo allí.

¿En el armario de que famosa te gustaría perderte?
En el de Amy Whynehouse. Seguro que no me aburría.

¿Cómo reaccionas si te dejas el teléfono móvil en casa?
Llamo inmediatamente al 112. Aunque sin móvil está difícil, claro. ¿Alguien sabe si todavía existen esas cajas con un teléfono dentro... cabinas creo que se llamaban?

¿Cuál ha sido el último sueño que has tenido?
Siempre me olvido de los sueños. Es una putada, pero no lo puedo evitar.

Di tres cosas de las que te sientes orgulloso:
1 – De mi belleza.
2 – De mi dinero.
3 – De mi enorme sinceridad.

¿Cambiarías algo de ti mismo?
Los pieses, que parece que más que pies tenga garras.

Un sueño:
Sentir el día de mi muerte que he aprovechado mi vida y he sido feliz.

Si fueras una tapa, ¿de que estarías hecho?
De plástico, para que se me pudiesen meter en el microondas.

Di tres o cuatro grupos de música o cantantes que escuches cuando te sientas feliz:
Si estoy feliz hasta Smashing Pupkings me parecen optimistas.

Si todo el mundo que conoces de tu “vida real” se enterase de que tienes un blog y no pudieras vetar el acceso más que a uno o dos, ¿quiénes serían?
El único a mi jefe por aquello de los horarios de publicación de algunos posts, más que sospechosos.

¿Qué es lo que os queda pendiente en el sexo?
El helicóptero no me acaba de salir, lo cierto es que es más difícil de lo que parece.

Y mi pregunta es:

¿Eres una persona religiosa?
Yo no.


Ala, y ahora que se sienta nominado todo el mundo que haya leído esto y haya sonreido al menos una vez, así que al tajo.

jueves, 16 de abril de 2009

5 - Por los pelos

Aquí encontrarás el índice de esta fenomenal serie. Te recomiendo que empieces por el principio, como es lógico.

- Lo siento por quemarte, cariño. Ahora acabo de llamar a un amigo: en cinco minutos nos vendrá a ver. ¿Te apetece mientras tanto un café? - me preguntaba Jimmy Love al final del capítulo anterior -.

- Nunca le hago ascos a un café, pero en este momento voy a hacer una excepción. – contesté - Sin embargo, a una cervecita no te diría que no... en otra ocasión, pero ahora mismo no me apetece. Un agua del grifo por el contrario no me la suelo beber, así que si tienes alguna otra cosa te estaría agradecido en caso de que no me hubieses quemado las orejas, lo cual hace que por mucho que me ofrezcas te odie igualmente.

- ¡Pero cariño, si te he dicho que te he quemado sin querer! Jo, lo que menos quería era hacerte enfadar, de verdad, pero es que este Benito me ha liado. – contestó Jimmy con cara de mosquita muerta -.

- ¿Cómo? – exclamé sin poder evitar poner cara de gilipollas - ¿has llamado a Benito Camelas Pelotas?.

Recordé la paliza recibida por Benito días atrás, así como su amenaza:

- Espero que cuando estés en el hospital te acuerdes de leer El maravilloso mundo de las mariposas, porque si no ya sabes lo que te espera otra vez ¡Tengo una familia de hamsters que alimentar, maldito pisapapeles! – había gritado Benito tras introducir mi cabeza entre los radios de la rueda de la bicicleta de montaña de su tío de Guadalajara. –

Como todos sabéis había decidido no volver a suscribirme a la revista, así que cuando Jimmy dijo haberle llamado me asustó mucho más la idea de que viniese Benito a visitarme con sus ansias de venganza como regalo, que que quien lo hiciera fuera un negro homosexual amigo de Jimmy.

- ¿Cómo? ¿has llamado a Benito Camelas Pelotas? – repetí la misma frase sin importarme carecer de originalidad en un momento tan crítico -.

- No, no, nooo..... bueno... sí, un poco sí que lo he llamado. Pero no lo entiendo: ¿por qué te pones así?. – Su rostro de sincera sorpresa infundió en mi una esperanza -.

- Jimmy – contesté con cara de terror – ... Benito me quiere matar.

En aquel momento creo recordar que sonó un trueno que después iluminó la habitación dando un toque si cabe más terrorífico a la escena.


- Oye, ¿te has dado cuenta de que primero ha sonado el trueno y después se ha iluminado la habitación? – pregunté sin poder dejar de lado una ocasión para hacerme el listillo -.

- A decir verdad, lo que pasa es que me he tirado un pedo mientras apagaba la luz y la volvía a encender al ver que nos quedábamos a oscuras.

- Joder, Jimmy, qué cerdo. Y mi abuelo que siempre decía que los maricones cagaban jabón...

- Extraño Desconocido, perdóname. Yo no quiero que te maten, jolines. A mí Benito me dijo que era tu amigo y que quería darte una sorpresa cuando salieses del hospital, por eso me pidió que si te veía te atase de pies y manos y le avisase lo antes posible. Por suerte tenemos algo de tiempo antes de que venga: me ha dicho por teléfono que se estaba depilando las ingles y que en cuanto acabase venía.

- ¿Que se estaba depilando las ingles?

- Sí, a lo brasileño.

- ¿Pero tú de qué conoces a Benito?

- ¡Jijiji! Pues mira, cariño, te cuento: resulta que un verano hace unos tres o siete años estaba yo de fiesta por Ibiza con mis dos amigos La Loli y La Juani cuando de repente...

- Mira, ¿sabes qué?, creo que prefiero no saberlo. Benito va a llegar en cualquier momento y me gustaría poder escapar antes de que lo haga.

- Pues claro, cariño, ahora mismo te desato. Solamente tengo que recordar la combinación, un momento. – cerró los ojos y llevó sus dos dedos índices al labio inferior, en un gesto de meditación propio de Anthony Blake -.

- ¡Pero qué mierda de combinación ni qué ocho cuartos en vinagre balsámico! Desátame de una vez, Jimmy. – grité en un arrebato de nerviosismo -.

- Uy, perdón, me he vuelto a liar, pensaba que te había atado con el candado de la bici en lugar de con el cinturón sadomaso.

Jimmy liberó mi brazo izquierdo, después el derecho y por último el cuello. Me incorporé aliviado lentamente y, tras despedirme de Jimmy con un cálido apretón de manos, me dirigí a la puerta todavía con el peine atascado en mi pelambrera.

Estaría a unos dos pasos de mi libertad cuando una sombra apareció en el cristal que me separaba de ella e hizo sonar la puerta con la brusquedad propia de un repartidor de revistas y/o butano: TOC. Una único toc, pero contundente de narices.

Me abalancé hacia un lado e instintivamente me oculté tras el perchero mientras Jimmy, tras lanzarme una mirada de complicidad, abría la puerta. No sería fácil escapar mientras el peluquero distraía a Benito llevándole hacia el lavacabezas, pensé.

- Hola, Jimmy – saludó Benito con voz ronca y pausada, de las que siempre tienen los malos – llévame al Extraño Desconocido, por favor.

- Claro, Benito, está ahí mismo escondido detrás del perchero, no tiene pérdida.

- ¿Pero tú eres tonto, Jimmy? – exclamé sorprendido de que alguien pudiese ser tan imbécil – ¡Pensé que ibas a distraer a Benito para que pudiese escapar!

Benito pareció no escucharme y simplemente fijó sus ojos en mí, enrojecidos de ira y también seguramente de no dormir mucho, todo hay que decirlo. Asustado por la situación, miré a mi alrededor y cogí lo primero que encontré: el perchero. Utilizándolo cual abuelo un bastón, lo alcé por su base y le asesté un golpe a Benito en la cabeza haciéndole caer hacia atrás, por suerte para él encima de una montaña de pelos de señora. Aquel acertado movimiento me otorgó unos segundos de ventaja, los cuales aproveché para salir a toda velocidad de la peluquería y avisar a un policía que casualmente pasaba por ahí en aquel momento. Por suerte el policía reaccionó rápido y arrestó a Benito por intento de asesinato (puede que exagerase un poco la historia, pero era por mi seguridad, entendedlo).

- Uf, me he librado por poco – le comenté a Jimmy una vez nos volvimos a quedar solos -. Parece ser que la gente guay en el fondo tiene suerte. En fin, ahora puedes acabar de cortarme el pelo, ¿no? Mira, me cortas por aquí un poco, por esta zona rapado al tres, por aquí arriba me gustarían unas mechas rubias, no sé si me entiendes, que quede bastante guay...

Capítulo siguiente

martes, 7 de abril de 2009

El lector

Sin ánimo de convertirme ahora en crítico de cine, voy a comentar una de las últimas películas que han conseguido que mueva mi culo del sillón y apoquine diez eurazos para verla: El lector.

Basada en una novela del cuasianoréxico aunque atractivo para algunas mujeres de pago según él mismo afirma, Bernhard Schlink, la película está dirigida por Stephen Daldry tal y como toda persona capaz de usar la Wikipedia podrá saber. El guión corre a cargo del británico David Hare y ya vale de nombrar a gente que nadie conoce.

La novela se titula en su versión original “der Vorleser”, algo así como “la persona que lee en voz alta”. Encuentro cuando menos curioso que los alemanes tengan un verbo para expresar algo que nosotros hacemos con una construcción gramatical. Supongo que será porque lo de leer en voz alta no tiene tantos adeptos entre los españoles, de lo contrario existiría algo así como “altoleer”. De todas maneras, éste no es el tema.

Atención: A continuación relato a grandes rasgos la primera media hora de la película. No te voy a chafar el final pero aun así, si eres de los que prefieren no conocer nada del argumento al entrar al cine, mejor sáltate los dos párrafos siguientes (marcados en cursiva y todo, oiga). Avisado/a estás, que luego no se diga que El Extraño Desconocido es un chafapelis.

La película, supongo que al igual que la novela, comienza mostrando la relación entre un chaval de quince años, Michael, y una madurita de treinta y seis, Hanna, que bien sería una MILF en toda regla si no fuera porque no tiene hijos. Su relación, al principio limitada al sexo puro y sobre todo DURO, se transforma poco a poco hasta llegar a basarse casi únicamente en los momentos que Michael dedica a leer relatos a Hanna en voz alta. Ella, avergonzada por su “HANAlfabetismo” (juas, qué malo) utiliza a Michael para que le lea, pero él no es capaz de darse cuenta de ello debido a que se pasa todo el tiempo con la sangre en un lugar que no es precisamente el cerebro. Un día Hanna desaparece sin dejar rastro y el protagonista se queda más solo que Aznar en un mitting del PSOE.

Michael encuentra tiempo después, durante sus estudios de leyes, a una Hanna desmejorada siendo juzgada ante un tribunal por crímenes ocurridos durante el nazismo. El protagonista se ve inmerso en dicho proceso y se cuestionará si debe o no debe ayudar a aquella persona que tiempo atrás le rompió el corazón. Lo que ocurre a partir de entonces, mejor descubrirlo por sí mismo.


Lo que más me interesó de la película no fueron los pezones de la Winslet, sino el punto de vista que aporta (la película, no la Winslet) sobre los juicios a antiguos criminales de guerra, en este caso unos 40-50 años tras haber sido cometidos. A raíz de ello, mis amigos imaginarios y yo tuvimos una larga discusión que me gustaría compartir con vosotros.

Empecemos por arriba: para mí está clarísimo que Hitler fue un criminal, al igual que sus subordinados más directos. Sin embargo, esta seguridad se desvanece poco a poco al llegar a personas que estaban posicionadas mucho más abajo en el organigrama Nazi. Pensad en un soldado raso, en un trabajador de un campo de concentración, en un carcelero... incluso en el encargado de preparar y activar la cámara de gas. Gran parte de esas personas no eran capaces ni tan siquiera de plantearse si lo que estaban haciendo estaba bien o no. No disponían de la información necesaria y, además, muchos no tenían otra opción. La misma realidad es completamente distinta dependiendo de cuánta información tenemos a nuestra disposición y cuáles son los valores que se nos han inculcado. Pensad en lo siguiente:

1 - ¿Cuántas personas consideraban que lo que estaban haciendo era correcto? ¿Cuántas personas creían que estaban haciendo el bien al cargarse a toda esa gente? Hace un par de días Superpatata colgaba un post con un juego de mesa para niños, famoso durante la época Nazi. El juego “Juden raus” (judíos fuera), es una muestra de los valores que se inculcaba a la población en aquellos tiempos. Estoy seguro de que muy pocas personas disponían de la información y los valores actuales, necesarios para hacer la misma valoración crítica de sus actos que nosotros podemos hacer hoy.

2 - ¿En qué medida “elegían” esas personas hacer lo que hacían? Pienso que muchas no tendrían una elección real por miedo a represalias. No creo que negarse a ser partícipes del exterminio fuese una opción de verdad, ya que significaría automáticamente ponerse de parte del “enemigo” y ser asesinado.

3 - ¿Creéis que es correcto juzgar, en nuestro estado de conocimiento actual, los actos cometidos por nuestros antepasados en circunstancias completamente diferentes? Creo que aquí la respuesta depende demasiado de las circunstancias como para poder generalizar.

Todo esto me hizo imaginar dos hipotéticos escenarios que dan que pensar:

1) Imaginemos que dentro de cuarenta años las corridas de toros son consideradas un asesinato múltiple, cosa totalmente lógica ya que los animales han llegado a tener los mismos derechos que los humanos (los cuales son vegetarianos en su totalidad). Desde la perspectiva del año 2049 los toreros son vistos como asesinos en serie. Un nuevo juez Garzón decide por tanto juzgar a Jesulín, Ribera Ordoñez, José Tomás y compañía por los graves delitos cometidos allá por el año 2000. Como es lógico, las personas únicamente pueden ser juzgadas según la legislación que estaba vigente en el momento de la comisión de sus crímenes, pero dada la presión social existente se rebusca y rebusca hasta encontrar una “excusa” para poder encarcelarlos. Finalmente son juzgados por tenencia de armas en lugar público, acto legalmente punible en el año 2000 (aunque a nadie se le habría ocurrido aplicar la ley en ese sentido en contra de los toreros). Como consecuencia de ello, un total de cuarenta toreros son encarcelados bajo una pena de diez años sin derecho a libertad condicional.

2) En el año 2149 los vascos celebran el centenario de su independencia de España. Se realiza entonces la entrega honorífica de la medalla del oro vasca a los fundadores de la "banda de liberación" ETA, por haber entregado su vida para defender las libertades del pueblo vasco. Puede sonar exagerado, pero no sería la primera vez en la historia que un asesino se convierte en héroe con el paso del tiempo.

viernes, 27 de marzo de 2009

Estaba pensando... en caracoles

Hablando de caracoles y siempre siguiendo mi nueva lógica de persona guay, resulta que he pensado en lo siguiente:

Dado que nosotros somos la especie dominante en el planeta, interpretamos como un signo inequívoco de inteligencia cualquier comportamiento animal que se asemeje al nuestro. Por tanto, si los caracoles fueran la especie dominante en el planeta nosotros podríamos ir desnudos, mearnos encima y arrastrarnos por la calle sobre nuestra baba y los pensarían de nosotros que somos inteligentes. Por lo tanto, borrachos pareceríamos mucho más listos.

Por eso propongo desde esta publicación cultural que demos una oportunidad a esos menospreciados moluscos que son los caracoles. Hay que producir televisiones, libros y ordenadores que quepan en sus pequeñas casitas de manera que dejen de buscar todo el tiempo hojas de lechuga y puedan dedicarse a estudiar como hace toda persona honrada.

Yo hasta entonces seguiré sin beber alcohol; solo cerveza.

lunes, 23 de marzo de 2009

El chiste del caracol

No me gustan los chistes. A decir verdad me hacen gracia y tal, pero el problema es que siempre se me olvidan en un par de horas. Sí, parece que mi cerebro tenga un mecanismo que consigue eliminarlos completamente en menos de lo que tardo en hacer la digestión. No le acabo de dar una explicación a lo que me pasa, pero puede que se trate de algún extraño (y desconocido, nunca mejor dicho) trauma infantil que vive en mi inconsciente entre aquella imagen totalmente accidental del pezón de Sabrina y la triste muerte de Chanquete, cosas todas ellas que me han convertido en la persona entrañable y odiosa que soy.

Cuando en una comida familiar, una boda, una borrachera de sábado o una reunión de trabajo llega el típico gracioso que parece un libro de chistes de Arévalo, me invaden sentimientos contradictorios. Por un lado me parto la caja, porque tengo un humor más simple que un puzle de cuatro piezas, pero también por otro lado una envidia insana tirando a odio causada por mi frustración como cuentachistes (si no existe la palabra da igual, que para eso estoy en mi blog).

Y es que yo soy gracioso de cojones, para qué lo vamos a negar, y podría haber llegado incluso a ser un Chiquito, un Coll (para Tip soy demasiado alto) o un Matías Prats Jr., pero la naturaleza bien me negó el gen que se encarga de que te acuerdes de los chistes, o me obsequió con que se encarga de que se te olviden.

- ¡Qué risas los finales de telediario! -

Nunca se me olvidará aquel casting para Genio y Figura con mi gran amigo Bertín. Había pasado a formar parte de los últimos diez candidatos pero justo antes de mi actuación de prueba, nervioso como estaba en aquel momento crucial para mi futuro, fui a rascarme el sobaco con la mano derecha, y al alzar la izquierda derramé el café encima del puño de mi camisa, con la mala suerte de que se emborronaron los chistes que tan acertadamente había seleccionado mi primo Juanito. Sin tiempo para volver a apuntarlos salí al escenario a ninguna otra cosa que hacer el ridículo. Desde entonces Bertín, que me había recomendado personalmente, no me dirige la palabra excepto en el día de mi cumpleaños y cuando nos cruzamos por la calle.

Algún día relataré aquel casting, pero hasta entonces os voy a dejar el único chiste que he conseguido recordar hasta escribirlo personalmente en papel, por lo que se podría decir que es mío. Es largo, sí, pero al menos es bueno. De hecho, si no te ríes me comprometo a pedirte perdón en forma de comentario empalagoso en tu blog. Ahí va, con todos ustedes...

EL CHISTE DEL CARACOL

Diciembre del año 98. Un lugar en los Pirineos. Invierno. Diez grados bajo cero. Tormenta de nieve de mear y no echar gota...

Dos amigos se sientan frente a la chimenea en el salón de una pequeña casita de montaña después de una larga jornada de esquí cuando de repente alguien llama a la puerta:

¡Toc, toc!

Los dos se miran acojonados dada la situación. Al final uno de los dos (el que iba al gimnasio día sí día también) le echa dos cojones, se levanta y se dirije a la puerta. Una vez allí toma aire y la abre de golpe. Tras comprobar con el pulso acelerado que no había nadie vuelve a cerrar, pero tan sólo un momento después...

¡Toc, toc!

El forzudo, que ya estaba a medio camino del salón, se gira y ésta vez cabreado vuelve a abrir la puerta. Nadie. En esta ocasión sin embargo dirije su mirada hacia el suelo antes de cerrar, y cuál es su sorpresa cuando descubre ahí a un pequeño caracol tiritando de frío frotándose las manos.

- Hola - dice el caracol -.

- Qué coño quieres - contesta el culturista -.

- Pues verás, es que hace un frío que te mueres y en mi casita tengo la calefacción estropeada, así que había pensado que igual podía pasar la noche en el salón. Llevo incluso un trocito de lechuga encima, así que no necesito ni que me ofrezcáis de cenar.

El forzudo observa al caracol con desprecio y, tras pensar durante unos dos segundos por primera vez en su vida (y seguramente sobre mujeres desnudas), le arrea una patada al caracol, lanzándolo a unos veinte metros de distancia.

Después de eso cierra de un portazo y vuelve al salón con su amigo, olvidando inmediatamente lo ocurrido.

UN AÑO DESPUÉS ...

Al año siguiente y como era tradición estaban de nuevo los dos colegas en la casita de los Pirineos cuando alguien llama a la puerta de manera insistente:

¡Toc, toc, toc, toc!

El mismo culturista del año anterior se levanta y abre la puerta. Mira al frente, donde no ve a nadie, y después baja la vista para descubrir al mismo caracol del año anterior con el ojo morado, el cual grita todo lo fuerte que puede gritar un caracol:

- ¿SE PUEDE SABER A QUÉ COÑO HA VENIDO ESA PATADA?

martes, 10 de marzo de 2009

4 - Jimmy Love

Índice de la serie "Ser guay es guay"

Al final del capítulo anterior me había decidido a entrar en la peluquería y cambiar mi look por uno más rebelde, lo cual como todos sabéis formaba parte de mi plan para ser guay y además me concedería un cierto grado de anonimato frente al todavía sediento de venganza Benito Camelas Pelotas.

- Pasa, corazón - dijo el peluquero mientras sujetaba con una mano la puerta de entrada ofreciéndome un estrecho espacio entre su cuerpo y la pared.

- Pasa tú primero, anda - contesté con cara de pocos amigos -.

La peluquería disponía de una única silla para cortar el pelo, un sillón destinado a que el próximo cliente esperase sentado leyendo revistas de nutrición y un taburete acoplado a una especie de retrete con un grifo para lavar el pelo, ya sabéis a lo que me refiero. Las paredes estaban pintadas en un tono rosa bastante chillón y de una de ellas colgaban dos carteles promocionales de sendos espectáculos de travestidos. El artista principal de ambos carteles se llamaba Jimmy Love.

- ¿Cuál es tu nombre, corazón? - preguntó el peluquero -.

- Desde hace un par de semanas me llamo Don Guay y molo cantidad, pero antes me llamaba El Extraño Desconocido. De todas maneras, tú me puedes llamar cliente a secas, que paso de que te encariñes conmigo.

- Encantado, Extraño Desconocido. Yo me llamo Jimmy Love - contestó con una pícara sonrisa -.

Debía haber imaginado que él era el/la de los carteles. No pude evitar visionarlo mentalmente ataviado con una peluca roja, un top, un tanga y unos zapatos de tacón, tal y como aparecía en uno de los posters, cortándome el pelo mientras intentaba arrimar sutilmente la cebolleta sin que yo me diera cuenta.

- Aaaaaargh! - grité involuntariamente -.

- ¿Todo bien, cariño? - dijo Jimmy Love sorprendido -.

- Eeeeh, sí, sí, sí... no pasa nada. Esto... procede a cortarme el pelo ya, por favor.

- ¿Te lo lavo primero, cariño?

Pensé en mis tres semanas de hospital intentando ver una braguita, durante las cuales nadie me había lavado el pelo: había estado todo el tiempo más solo que la una. Pensé igualmente en la posibilidad de que Jimmy Love utilizase el momento "lavado de cabello" para intentar seducirme, cosa que no me apetecía mucho que dijéramos.

- No hace falta, gracias - contesté con una sonrisa a medias -.

Jimmy humedeció mi cabellera con ayuda de un pulverizador y prodeció a ordenar mis pelitos con ayuda de un peine clásico, el cual tras el primer movimiento quedó atascado, en parte enredado y en parte pegado a causa de la grasa acumulada. Creo que no voy a poder librarme del lavado, pensé.

- Cariño, yo con tanta mierda no puedo trabajar. Estos pelitos te los voy a tener que lavar, ¿eh?.

- Mira Jimmy, ¿sabes qué?, creo que va a ser mejor que lo dejemos: tengo que irme a casa que supongo que la comida ya estará lista.

En ese mismo instante me miré en el espejo y pude observar que el peine todavía estaba atascado en mi cabeza, levantado parcialmente dando el efecto de una especie de peineta del todo a cien.

- Ningún problema. Puedes volver mañana con más tiempo si quieres pero el peine me lo pagas ahora, que no puedo sacarlo, ¿ok?

- Pufff, venga, dale al grifo y lávame el pelo, que va a ser mejor - contesté conturbado -.

Jimmy Love me invitó a sentarme en el taburete y apoyar la cabeza en el retrete de lavar el pelo. Mientras tanto pude ver cómo se dirigía a la puerta de entrada y cerraba con llave, no sin antes mirar sospechosamente a ambos lados de la calle. Volvió a donde yo estaba y, sonriente, colocó mi cabeza en la posición correcta.

- ¿Por qué has cerrado? - pregunté inquieto -.

- Es ya un poco tarde y así no entran más clientes, cariño. ¿Por qué?, ¿te doy miedo?.

- No, no, ¡qué va!. Era más que nada por hablar de algo...

Jimmy no contestó y simplemente abrió el grifo de agua caliente a tope. Noté cómo el vapor subía del retrete rodeando mi cabeza y calentaba mis orejas. Al principio no me molestaba, pero el agua siguió calentándose más y más hasta empezar a resultar molesta.

- ¡Cierra el agua caliente Jimmy Love, que me está quemando las orejillas!.

Jimmy no contestó. Intenté levantar mi cabeza para ver dónde estaba, pero algo tiró burscamente de mi cuello hacia atrás. Mierda, este subnormal me ha atado la cabeza al retrete, pensé. Entonces sentí una enorme presión en las muñecas, producida por dos cuerdas de cuero que me ataban al taburete. Levanté las piernas con todas mis fuerzas pero no encontré nada ni nadie en su camino, por lo que tan sólo di patadas al aire. Me encontraba atado completamente a un taburete en una peluquería cerrada con llave y en compañía de un peluquero travesti bastante extraño. Sentí un enorme terror, semejante al que había sentido cuando Hulk Hogan perdió su título mundial de Wrestling en el 92. Una gotilla de sudor me cayó lentamente por el costado casi acariciándolo. Mientras, el agua estaba cada vez más caliente. Sentía mis orejas arder: el dolor se estaba haciendo insoportable.

- ¿Qué coño es esto, Jimmy Love? - grité con todas mis fuerzas -. ¡Cierra el grifo, cabrón, que me vas a destrozar las orejas!

Cada vez más asustado, giré la cabeza en la medida de lo posible hacia izquierda y derecha en busca de una explicación, hasta que pude ver la puerta de acceso al almacén, a través de la cual apareció Jimmy.

- ¡Jimmy! ¡Cierra el grifo, hijo de la gran puta! ¡Me estás quemando las orejas, joder! - grité desesperado -.

- Uy, perdona, cariño - contestó nervioso -.

Jimmy corrió hacia el retrete y cerró el agua rápidamente.

- Lo siento, es que el calentador de agua a veces se descontrola. No era mi intención asarte las orejas.

Mientras decía lo anterior se me acercó lentamente y me besó la oreja mientras susurraba:

- Lo siento por quemarte, cariño. Ahora acabo de llamar a un amigo: en cinco minutos nos vendrá a ver. ¿Te apetece mientras tanto un café?